MISION SIMPLE CLICK AQUI

Documentos a los que adhiere Iglesias en Misión como marco de trabajo y unidad.

  1. Acuerdo doctrinal. Adherimos al Pacto de Lausana – Click Aqui
  2. Adherimos al documento “Envio Misionero responsable”. (Daniel Bianchi)
  3. Misión. Definición. (Documento)
  4. Modelo de Iglesias a plantar: Iglesias caseras.
  5. Trabajo en equipo como base del trabajo y cuidado misionero.

Desarrollo de documentos


Acuerdo doctrinal. Adherimos al Pacto de Lausana

Pacto de Lausana

INTRODUCCIÓN

Nosotros, miembros de la iglesia de Cristo Jesús de más de 150 naciones, participantes del Congreso Internacional de Evangelización Mundial en Lausana, alabamos a Dios por su gran salvación y nos regocijamos en la comunión que nos ha dado con él y entre nosotros. Nos sentimos profundamente conmovidos por lo que Dios está haciendo en nuestros días, movidos a la contrición por nuestros fracasos y desafiados por la tarea inconclusa de la evangelización. Creemos que el evangelio es la buena noticia de Dios para todo el mundo, y estamos decididos, por su gracia, a obedecer la comisión de Cristo de proclamarla a toda la humanidad y hacer discípulos de cada nación. Deseamos, por lo tanto, afirmar nuestra fe y nuestra resolución, y hacer público nuestro pacto.

  1. EL PROPÓSITO DE DIOS

Afirmamos nuestra creencia en el único Dios eterno, Creador y Señor del mundo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que gobierna todas las cosas según el propósito de su voluntad. Él ha estado llamando del mundo un pueblo para sí, y enviándolo de nuevo al mundo para ser sus siervos y sus testigos, para la extensión de su reino, la edificación del cuerpo de Cristo y la gloria de su nombre. Confesamos con vergüenza que a menudo hemos negado nuestro llamamiento y hemos fracasado en nuestra misión, al amoldarnos al mundo o retirarnos de él. Sin embargo, nos regocijamos de que, aun cuando sea llevado en vasijas de barros, el evangelio sigue siendo un tesoro precioso. A la tarea de dar a conocer ese tesoro en el poder del Espíritu Santo, deseamos volver a consagrarnos.

(Is 40:28; Mt 28:19; Ef 1:11; Hch 15:14; Jn 17:6, 18; Ef 4:12; 1Co 5:10; Ro 12:2; 2Co 4:7)

  1. LA AUTORIDAD Y EL PODER DE LA BIBLIA

Afirmamos la inspiración divina, la veracidad y la autoridad de las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, en su totalidad, como la única palabra escrita de Dios, sin error en todo lo que asevera, y la única regla infalible de fe y conducta. Afirmamos también el poder de la palabra de Dios para cumplir su propósito de salvación. El mensaje de la Biblia está dirigido a todos los hombre y mujeres. Porque la revelación de Dios en Cristo y en las Escrituras es inalterable. Por medio de ella, el Espíritu Santo sigue hablando hoy. Él ilumina la mente del pueblo de Dios en cada cultura, para que perciba la verdad de manera fresca a través de sus propios ojos, desvelando de esta forma a toda la iglesia cada vez más de la multicolor sabiduría de Dios.

(2Ti 3:16; 2P 1:21; Jn 10:35; Is 55:11; 1Co 1:21; Ro 1:16; Mt 5:17, 18; Jud 3, Ef 1:17, 18; 3:10, 18)

  1. LA SINGULARIDAD Y LA UNIVERSALIDAD DE CRISTO

Afirmamos que hay un solo Salvador y un solo evangelio, aunque existe una amplia variedad de enfoques evangelísticos. Reconocemos que todos tienen algún conocimiento de Dios a través de su revelación general en la naturaleza. Pero negamos que esto pueda salvar, ya que las personas obstruyen la verdad mediante su injusticia. Rechazamos también como peyorativo para Cristo y el evangelio todo tipo de sincretismo y diálogo que sugiera que Cristo habla por igual a través de todas las religiones e ideologías. Jesucristo, al ser el único Dios-Hombre que se entregó como el único rescate para los pecadores, es el único mediador entre Dios y las personas. No hay otro nombre mediante el cual podamos ser salvos. Todos los hombres y mujeres están pereciendo a causa del pecado, pero Dios ama a todos y no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan. Pero quienes rechazan a Cristo repudian el gozo de la salvación y se condenan a sí mismos a una separación eterna de Dios. Proclamar a Jesús como “el Salvador del mundo” no significa afirmar que todas las personas son salvas de manera automática o en última instancia, y menos aún que todas las religiones ofrecen salvación en Cristo. Significa, más bien, proclamar el amor de Dios por un mundo de pecadores e invitar a todos a responder a él como Salvador y Señor con el compromiso personal e incondicional del arrepentimiento y la fe. Jesucristo ha sido exaltado sobre todo otro nombre, y anhelamos el día en que toda rodilla se doble ante él y toda lengua lo confiese como Señor.

(Gá 1:6-9; Ro 1:18-32; 1Ti 2:5, 6; Hch 4:12; Jn 3:16-19; 2P 3:9; 2Ts 1:7-9; Jn 4:42; Mt 11:28; Ef 1:20, 21; Fil 2:9-11)

  1. LA NATURALEZA DE LA EVANGELIZACIÓN

Evangelizar es difundir la buena noticia de que Jesucristo murió por nuestros pecados y fue resucitado según las Escrituras, y que ahora, como el Señor que reina, ofrece el perdón de los pecados y los dones liberadores del Espíritu Santo a todos los que se arrepienten y creen. Nuestra presencia cristiana en el mundo es indispensable para la evangelización, al igual que esa clase de diálogo cuyo propósito es escuchar con sensibilidad a fin de comprender. Pero la evangelización en sí misma es la proclamación del Cristo histórico y bíblico como Salvador y Señor, con el fin de persuadir a las personas a acudir a él personalmente y así ser reconciliadas con Dios. Al hacer la invitación del evangelio, no tenemos ninguna libertad para ocultar el costo del discipulado. Jesús todavía llama a todos los que desean seguirlo a negarse a sí mismos, a tomar su cruz y a identificarse con su nueva comunidad. Los resultados de la evangelización incluyen la obediencia a Cristo, la incorporación a su iglesia y el servicio responsable en el mundo.

(1Co 15:3, 4; Hch 2:32-39; Jn 20:21; 1Co 1:23; 2Co 4:5; 5:11, 20; Lc 14:25-33; Mr 8:34; Hch 2:40, 47; Mr 10:43-45)

  1. LA RESPONSABILIDAD SOCIAL CRISTIANA

Afirmamos que Dios es tanto el Creador como el Juez de toda la humanidad. Por lo tanto, debemos compartir su preocupación por la justicia y la reconciliación en toda la sociedad humana, y por la liberación de los hombres y las mujeres de toda clase de opresión. Dado que los hombres y mujeres son hechos a la imagen de Dios, toda persona, independientemente de su raza, religión, color, cultura, clase, sexo o edad, tiene una dignidad intrínseca, por la que debe ser respetada y servida, no explotada. Aquí también expresamos nuestra contrición, tanto por nuestra negligencia como por haber considerado en ocasiones a la evangelización y la participación social como mutuamente excluyentes. Aunque la reconciliación con otras personas no equivale a la reconciliación con Dios, ni la acción social a la evangelización, ni la liberación política a la salvación, afirmamos no obstante que tanto la evangelización como la participación sociopolítica forman parte de nuestro deber cristiano. Pues ambas son expresiones necesarias de nuestras doctrinas de Dios y del hombre, de nuestro amor por nuestro prójimo y nuestra obediencia a Jesucristo. El mensaje de salvación implica también un mensaje de juicio contra toda forma de alienación, opresión y discriminación, y no debemos temer denunciar el mal y la injusticia dondequiera que existan. Cuando las personas reciben a Cristo, nacen de nuevo a su reino y deben buscar no solo exhibir sino también difundir la justicia del reino en medio de un mundo inicuo. La salvación que decimos tener debería estar transformándonos en la totalidad de nuestras responsabilidades personales y sociales. La fe sin obras está muerta.

(Hch 17:26, 31; Gn 18:25; Is 1:17; Sal 45:7; Gn 1:26, 27; Stg 3:9; Lv 19:18; Lc 6:27, 35; Stg 2:14-26; Jn 3:3, 5; Mt 5:20; 6:33; 2Co 3:18; Stg 2:20)

  1. LA IGLESIA Y LA EVANGELIZACIÓN

Afirmamos que Cristo envía a su pueblo redimido al mundo como el Padre lo envió a él, y que esto exige una penetración del mundo similarmente profunda y costosa. Necesitamos salir de nuestros guetos eclesiásticos y permear la sociedad no cristiana. En la misión de servicio sacrificial de la iglesia, la evangelización es primordial. La evangelización del mundo requiere que toda la iglesia lleve todo el evangelio a todo el mundo. La iglesia está en el centro mismo del propósito cósmico de Dios y es el instrumento que él ha designado para la difusión del evangelio. Pero una iglesia que predica la cruz debe estar ella misma marcada por la cruz. Se convierte en una piedra de tropiezo para la evangelización cuando traiciona el evangelio o carece de una fe viva en Dios, un amor genuino por las personas o una honradez escrupulosa en todas las cosas, incluyendo la promoción y las finanzas. La iglesia es la comunidad del pueblo de Dios, más que una institución, y no debe ser identificada con ninguna cultura, sistema social o político, o ideología humana específicos.

(Jn 17:18, 20:21; Mt 28:19, 20; Hch 1:8; 20:27; Ef 1:9, 10; 3:9-11; Gá 6:14, 17; 2Co 6:3, 4; 2Ti 2:19-21; Fil 1:27)

  1. LA COOPERACIÓN EN LA EVANGELIZACIÓN

Afirmamos que la unidad visible de la iglesia en la verdad es el propósito de Dios. La evangelización también nos convoca a la unidad, porque el hecho de ser uno fortalece nuestro testimonio, de la misma manera que nuestra desunión menoscaba nuestro evangelio de la reconciliación. Reconocemos, sin embargo, que la unidad organizacional puede asumir muchas formas y no necesariamente promueve la evangelización. Pero quienes compartimos la misma fe bíblica debemos estar estrechamente unidos en la comunión, el trabajo y el testimonio. Confesamos que nuestro testimonio se ha visto empañado en ocasiones por un individualismo pecaminoso y una duplicación innecesaria. Nos juramentamos a buscar una unidad más profunda en la verdad, la adoración, la santidad y la misión. Instamos a que se desarrolle una cooperación regional y funcional para la promoción de la misión de la iglesia, para el planeamiento estratégico, para el aliento mutuo y para la compartición de recursos y experiencia.

(Jn 17:21, 23; Ef 4:3, 4; Jn 13:35; Fil 1:27; Jn 17:11-23)

  1. LAS IGLESIAS EN LA COLABORACIÓN EVANGELÍSTICA

Nos gozamos de que haya nacido una nueva era misionera. El papel dominante de las misiones occidentales está desapareciendo rápidamente. Dios está levantando, de las iglesias más jóvenes, un nuevo y gran recurso para la evangelización del mundo, y está demostrando así que la responsabilidad de evangelizar pertenece a todo el cuerpo de Cristo. Todas las iglesias, por lo tanto, deben estar preguntándose y preguntando a Dios qué deberían estar haciendo, tanto para alcanzar a su propia región como para enviar misioneros a otras partes del mundo. La reevaluación de nuestra responsabilidad y papel misioneros debe ser continua. Así se desarrollará una colaboración creciente de iglesias, y el carácter universal de la iglesia de Cristo será exhibido más claramente. También agradecemos a Dios por todas las entidades que trabajan en la traducción de la Biblia, la educación teológica, los medios de comunicación, la literatura cristiana, la evangelización, las misiones, la renovación de la iglesia y otros campos especializados. Ellas también deben dedicarse a un autoexamen constante a fin de evaluar su efectividad como parte de la misión de la Iglesia.

(Ro 1:18; Fil 1:5; 4:15; Hch 13:1-3; 1Ts 1:6-8)

  1. LA URGENCIA DE LA TAREA EVANGELÍSTICA

Más de 2.700 millones de personas, más de las dos terceras partes de la humanidad, no han sido evangelizadas todavía. Nos avergonzamos de que tantas personas hayan sido ignoradas; esto significa un reproche continuo a nosotros y a toda la iglesia. Sin embargo, hay actualmente, en muchas partes del mundo, una receptividad sin precedentes al Señor Jesucristo. Estamos convencidos de que éste es el momento para que las iglesias y las entidades paraeclesiales oren fervientemente por la salvación de los no alcanzados y lancen nuevos esfuerzos para lograr la evangelización del mundo. Una reducción de misioneros y fondos extranjeros podría ser necesaria en ocasiones para facilitar una mayor autosuficiencia de la iglesia nacional y liberar recursos para regiones no evangelizadas. Los misioneros deberían fluir cada vez más libremente desde y hacia los seis continentes, en un espíritu de servicio humilde. La meta debe ser, por todos los medios disponibles y en el menor tiempo posible, que toda persona tenga la oportunidad de escuchar, entender y recibir la buena noticia. No podemos esperar alcanzar esta meta sin sacrificio. Todos estamos impactados por la pobreza de millones de personas y afligidos por las injusticias que la causan. Quienes vivimos en situaciones acomodadas aceptamos nuestro deber de desarrollar un estilo de vida sencillo a fin de contribuir de manera más generosa, tanto para la asistencia como la evangelización.

(Jn 9:4; Mt 9:35-38; Ro 9:1–3; 1Co 9:19-23; Mr 16:15; Is 58:6, 7; Stg 1:27; 2:1-9; Mt 25:31-46; Hch 2:44, 45; 4:34, 35)

  1. LA EVANGELIZACIÓN Y LA CULTURA

El desarrollo de estrategias para la evangelización del mundo requiere métodos pioneros imaginativos. Con la ayuda de Dios, el resultado será el surgimiento de iglesias profundamente arraigadas en Cristo y estrechamente vinculadas con su cultura. La cultura siempre debe ser probada y juzgada por las Escrituras. Porque los hombres y mujeres son criaturas de Dios, parte de su cultura es rica en belleza y bondad. Porque han caído, está toda contaminada por el pecado y parte de ella es demoníaca. El evangelio no presupone la superioridad de ninguna cultura sobre otra, sino que evalúa a todas las culturas según sus propios criterios de verdad y justicia, e insiste en absolutos morales en cada cultura. Con demasiada frecuencia, las misiones han exportado, junto con el evangelio, una cultura extranjera, y las iglesias han estado en ocasiones más esclavizadas a la cultura que las Escrituras. Los evangelistas de Cristo deben tratar, humildemente, de vaciarse de todo excepto de su autenticidad personal, a fin de convertirse en siervos de los demás, y las iglesias deben tratar de transformar y enriquecer la cultura, todo para la gloria de Dios.

(Mr 7:8, 9, 13; Gn 4:21, 22; 1Co 9:19-23; Fil 2:5-7; 2Co 4:5)

  1. LA EDUCACIÓN Y EL LIDERAZGO

Confesamos que en ocasiones hemos buscado el crecimiento de la iglesia en detrimento de la profundidad de la iglesia, y hemos divorciado la evangelización del desarrollo cristiano. Reconocemos también que algunas de nuestras misiones han sido demasiado lentas en equipar y animar a líderes nacionales para que asuman sus legítimas responsabilidades. Pero estamos comprometidos con los principios autóctonos, siempre que cada iglesia tenga líderes nacionales que manifiesten un estilo de liderazgo cristiano, no en términos de dominación sino de servicio. Reconocemos que existe una gran necesidad de mejorar la educación teológica, especialmente para líderes de iglesia. En cada nación y cultura debería haber un programa efectivo de capacitación para pastores y laicos en doctrina, discipulado, evangelización, desarrollo y servicio. Estos programas de capacitación no deberían depender de ninguna metodología estereotipada, sino deben ser desarrollados por iniciativas locales creativas y de acuerdo con normas bíblicas.

(Col 1:27, 28; Hch 14:23; Tit 1:5, 9; Mr 10:42-45; Ef 4:11, 12)

  1. EL CONFLICTO ESPIRITUAL

Creemos que estamos involucrados en una constante guerra espiritual con los principados y potestades del mal que tratan de derribar a la iglesia y frustrar su tarea de evangelización del mundo. Conocemos nuestra necesidad de equiparnos con la armadura de Dios y pelear esta batalla con las armas espirituales de la verdad y la oración. Porque detectamos la actividad de nuestro enemigo, no solo en las falsas ideologías afuera de la Iglesia, sino también dentro de ella, con evangelios falsos que tergiversan las Escrituras y colocan a personas en el lugar de Dios. Necesitamos tanto vigilancia como discernimiento para salvaguardar el evangelio bíblico. Reconocemos que nosotros mismos no estamos inmunes a la mundanalidad en el pensamiento y en la acción, es decir, de ceder al secularismo. Por ejemplo, aunque los estudios meticulosos del crecimiento de la iglesia, tanto numérico como espiritual, son adecuados y valiosos, a veces los hemos ignorado. En otras ocasiones, por nuestro deseo de asegurar una respuesta al evangelio, hemos comprometido nuestro mensaje, hemos manipulado a nuestros oyentes por medio de técnicas agresivas y nos hemos preocupado excesivamente por las estadísticas, o incluso hemos sido deshonestos con el uso que hemos hecho de ellas. Todo esto es mundanal. La iglesia debe estar en el mundo; el mundo no debe estar en la iglesia.

(Ef 6:12; 2Co 4:3, 4; Ef 6:11, 13-18; 2Co 10:3-5; 1Jn 2:18-26; 4:1-3; Gá 1:6-9; 2Co 2:17; 4:2; Jn 17:15)

  1. LA LIBERTAD Y LA PERSECUCIÓN

Todo gobierno tiene el deber asignado por Dios de garantizar condiciones de paz, justicia y libertad en las cuales la iglesia pueda obedecer a Dios, servir al Señor Jesucristo y predicar el evangelio sin interferencia. Por lo tanto, oramos por los líderes de las naciones y los llamamos a garantizar la libertad de pensamiento y de conciencia, y la libertad para practicar y propagar la religión, de acuerdo con la voluntad de Dios y según lo estipulado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Expresamos también nuestra profunda preocupación por todos los que han sido encarcelados injustamente, y en especial por quienes están sufriendo por su testimonio del Señor Jesús. Prometemos orar y trabajar por su libertad. Al mismo tiempo, rehusamos ser intimidados por su suerte. Con la ayuda de Dios, también nosotros procuraremos enfrentar la injusticia y permanecer fieles al evangelio, cualquiera que sea el costo. No olvidamos las advertencias de Jesús de que la persecución es inevitable.

(1Ti 2:1-4; Hch 4:19; 5:29; Col 3:24; Heb 13:1-3; Lc 4:18; Gá 5:11; 6:12; Mt 5:10-12; Jn 15:18-21)

  1. EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

Creemos en el poder del Espíritu Santo. El Padre envió a su Espíritu para dar testimonio de su Hijo; sin su testimonio el nuestro es inútil. La convicción de pecado, la fe en Cristo, el nuevo nacimiento y el crecimiento cristiano, son todos obra suya. Además, el Espíritu Santo es un espíritu misionero; por lo tanto, la evangelización debería surgir espontáneamente de una iglesia llena del Espíritu. Una iglesia que no es una iglesia misionera se contradice y apaga el Espíritu. La evangelización mundial pasará a ser una posibilidad realista solo cuando el Espíritu renueve a la iglesia en verdad y sabiduría, fe, santidad, amor y poder. En consecuencia, hacemos un llamado a todos los cristianos a orar por esta clase de visitación del soberano Espíritu de Dios, de modo que todo su fruto pueda aparecer en todo su pueblo, y todos sus dones puedan enriquecer el cuerpo de Cristo. Solo entonces toda la iglesia pasará a ser un instrumento adecuado en sus manos, para que todo el mundo pueda oír su voz.

(1Co 2:4; Jn 15:26, 27; 16:8-11; 1Co 12:3; Jn 3:6-8; 2Co 3:18; Jn 7:37-39; 1Ts 5:19; Hch 1:8; Sal 85:4-7; 67:1-3; Gá 5:22, 23; 1Co 12:4-31; Ro 12:3-8)

  1. EL REGRESO DE CRISTO

Creemos que Jesucristo regresará en forma personal y visible, en poder y gloria, para consumar su salvación y su juicio. Esta promesa de su venida es un aliciente adicional para nuestra evangelización, porque recordamos sus palabras de que el evangelio debe ser predicado primero a todas las naciones. Creemos que el período intermedio entre la ascensión y el regreso de Cristo debe ser llenado con la misión del pueblo de Dios, que no tiene ninguna libertad para detenerse antes del fin. También recordamos su advertencia de que surgirán falsos profetas y falsos cristos como precursores del anticristo final. Por lo tanto, rechazamos como un sueño arrogante y autosuficiente la idea de que las personas alguna vez puedan construir una utopía en la tierra. Nuestra confianza cristiana es que Dios consumará su reino, y esperamos con gran expectativa aquel día, y el nuevo cielo y la nueva tierra, en los cuales morará la justicia y Dios reinará para siempre. Entre tanto, nos consagramos nuevamente al servicio de Cristo y de las personas, en sumisión gozosa a su autoridad sobre la totalidad de nuestras vidas.

(Mr 14:62; Heb 9:28; Mr 13:10; Hch 1:8-11; Mt 28:20; Mr 13:21-23; 1Jn 2:18; 4:1-3; Lc 12:32; Ap 21:1-5; 2P 3:13; Mt 28:18)

CONCLUSIÓN

Por tanto, a la luz de esta fe y esta resolución nuestras, hacemos un pacto solemne con Dios y entre nosotros de orar, planear y trabajar juntos para la evangelización de todo el mundo. Hacemos un llamado a otros para que se unan a nosotros. ¡Quiera Dios ayudarnos por su gracia, y para su gloria, a ser fieles a este pacto nuestro! ¡Amén, Aleluya!


Adherimos al documento “Envio Misionero responsable”. (Daniel Bianchi)

Si alguna vez hubo un “avivamiento a la latina” ahora se corre el riesgo de tener un “envío misionero a la latina”.  Por esta razón hay que realizar un envío responsable para que los misioneros cumplan con el ministerio al que fueron enviados.

Deserción misionera

Los participantes del Congreso Misionero Nacional realizado hace unos años en Caxambu, Brasil, quedaron impactados al escuchar que el 75% de los misioneros brasileros enviados al campo habían dejado el campo misionero durante su primer período de servicio. Sin embargo en aquel momento no había datos que pudiesen confirmar o negar tal aseveración. Esto junto a otros factores movió a la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA) para emprender un estudio internacional con el fin de descubrir y ayudar a corregir las causas de deserción misionera.  El entonces presidente de COMIBAM Internacional, Rudy Girón, fue designado coordinado del proyecto llamado REMAP  (Investigación para determinar las causas de la deserción de misioneros). Para ese fin se hizo una selección de 14 países. El instrumento de investigación fue distribuido a 453 agencias y entidades misioneras. Finalmente los resultados se presentaron en un encuentro celebrado  en  “All Nations College” de Inglaterra. Las conclusiones y otros importantes trabajos se publicaron publicados en el libro “Demasiado valioso para que se pierda” editado por Guillermo Taylor y disponible en librerías cristianas.

Síntesis de los descubrimientos

El estudio en cuestión arrojó los siguientes resultados

  • 4400 misioneros provenientes de las 453 agencias estudiadas dejaron el campo entre los años 1992-1994
  • 71% de los mencionados dejaron el campo por causas previsibles
  • Las principales causas  de deserción misionera fueron:
    • Niños (Incapacidad de adaptarse a la nueva cultura, necesidades de educación, salud, conducta).
    • Salud: (problemas relacionados con la salud física y/o psíquica)
    • Falta de apoyo: (apoyo inadecuado en oración y/o finanzas u de otro tipo de parte de la base de envío Ej. Problemas de inflación)
    • Relaciones personales: (Problemas de relacionamiento con los líderes o con compañeros misioneros).
    • Temas personales: (Auto-estima, estrés, enojo, expectativas, soledad, soltería)

Resultados internacionales

Entre los misioneros de las naciones tradicionalmente misioneras se destacaron:

  1. Problemas con los hijos
  2. Cambio de trabajo
  3. Problemas de salud
  4. Problemas de relación con los compañeros
  5. Dificultades personales

Entre los misioneros de las nuevas naciones que envían misioneros se destacaron:

  1. Falta de apoyo
  2. Falta de un llamado claro
  3. Compromiso personal insuficiente
  4. Desacuerdos con la agencia de envío
  5. Problemas de relación con los compañeros

La inquietud de la Comisión de Misiones de WEA impulsó un segundo estudio internacional que se realizó en más de 18 países con el fin de establecer cuales son los factores que contribuyen para que los misioneros permanezcan en el campo a largo plazo.

Argentina participó de la investigación que fue llevada a cabo por medio del autor, quien es miembro de dicha Comisión en representación de la Red de Cooperación Misiones Mundiales/COMIBAM Argentina. En el momento de este escrito los resultado están por darse a conocer, tema que será posteriormente difundido por este medio.

Volviendo a las causas de salida prematura del campo, queda claro,  sobre la base de esa investigación, que los misioneros de África, Asia y América Latina no estuvieron exentos de ese problema. En cuanto a lo que concierne a la última región mencionada, puede decirse que si alguna vez hubo un “avivamiento a la latina” ahora se corre el riesgo de realizar un “envío misionero a la latina”.  Por esta razón se debe realizar un envío responsable para que los misioneros cumplan con el ministerio al que fueron enviados.

Características del envío misionero responsable

  1. Preparación espiritual, de carácter y ministerial

La madurez emocional, espiritual y ministerial es un indicador esencial para saber si la persona tiene lo básico que necesita para considerar su posible salida al campo. Personas con serias deficiencias en su vida personal, de relación y de discipulado serán causantes de muchos problemas y ellos mismos también sufrirán. No es cuestión de enviar a todo el que tiene interés. Un buen obrero monocultural no necesariamente será un buen obrero trasncultural.

  1. Atención pastoral de los obreros

El tema del cuidado pastoral de los misioneros hace unos años atrás no estaba en el centro de la atención como lo está en la actualidad aunque en realidad siempre constituyó un factor muy significativo. Los que envían deben tener un medio para proveer el cuidado, atención y apoyo que los  misioneros necesitan. Enviar no es cuestión de poner personas en el campo. (En realidad eso es lo más sencillo de realizar y lo que más se promociona).La falta de cuidado se agudiza cuando los recursos económicos se contraen por cualquier razón. Ser responsable significa también velar para que los enviados sigan en el campo o regresen debidamente al país.

  1. Énfasis en la capacitación bíblica y misionera

Este tema se viene tratando desde hace tiempo pero todavía no tiene toda la atención que merece. Puede que para algunos sea suficiente con tener un llamado porque luego Dios los prepara de manera directa. Para otros la capacitación en tan larga que terminan quedándose aún cuando debieron salir. En Argentina (y América Latina como en Brasil, Bolivia, Perú, Costa Rica, para citar algunos ejemplos) existen lugares de capacitación misionera, también hay varios programas de distinta duración. Sin duda que esto no parece suficiente, menos aún si no se aprovechan. Por otra parte la inserción misionológica en los altos centros de formación teológica sigue siendo un asunto pendiente. Frente a estos desafíos no es posible renunciar a la capacitación. Esa carencia limitará seriamente la adaptación cultural y el servicio, entre otras muchas cosas. Hay que usar lo que se tiene y mejorarlo pero también puede que haya que comenzar nuevas propuestas.

  1. Proceso claro de orientación y selección

No todas las entidades, tampoco las iglesias locales, cuentan con un claro proceso de orientación y selección de tal manera que la persona interesada conozca los pasos que tiene que dar, requisitos, preparación necesaria y tiempo probable de salida al campo. Por lo general hay tantos caminos de salida como líderes tenga una determinada institución. Esto no ayuda y añade a la confusión. Es necesario establecer un proceso y mantenerlo dinámico para que sirva a la gente y no se sirva de la gente. Quien considere salir al campo hará bien en pedir que se le explique claramente el proceso de salida, tiempo de permanencia, regreso al país y temas relacionados.

  1. Participación activa de la iglesia local

Sin la activa participación de la iglesia local todo proyecto misionero a largo plazo tendrá dificultad de realización. La iglesia local tiene un rol indelegable y por lo tanto su compromiso es esencial. Es de esperar que la visión y compromiso no dependa de una sola persona para que el misionero no quede varado cuando ocurre  un “cambio de visión del liderazgo” (ya sea porque ingresa un nuevo líder o por algo nuevo que los líderes actuales hayan vivido) Los misioneros que salen sin el apoyo integral de una congregación tienen mayores dificultades una vez que están en el campo y también cuando regresen al país.

  1. Valorización del rol de la entidad misionera

Un creciente número de iglesias viene tomado más iniciativa para realizar la tarea misionera sin contar con la participación de una entidad misionera. El hecho de que una iglesia local se comprometa con la obra misionera es algo fundamental y debe estimularse por todos los medios. Por otra parte hay que advertir a la iglesia para que no intente  cumplir la función de la entidad misionera. No muchas congregaciones pueden contar con el conocimiento, personal, experiencia y estructura necesaria. Los misioneros así enviados también tienen limitaciones.

  1. Administración financiera sólida

Este es un tema fundamental ya que va desde la tarea de apoyo que se realiza a favor del misionero hasta la recepción y tratamiento que tienen las ofrendas recibidas por iglesias e individuos, entre otras muchas cosas. La entidad enviadora debe girar las ofrendas para los misioneros en tiempo y forma. También es recomendable que mantenga informado al misionero de cuánto ha recibido y de quien. La falta de una administración cuidadosa puede traer muchas frustraciones, dificultades y limitar seriamente el desarrollo de la tarea. Hay que acordar las cosas (iglesia, entidad, misionero) antes de salir al campo y luego no hacer cambios por cuenta propia sin previa consulta y nuevo acuerdo. Un criterio sano es que la cuenta de misiones no esté a nombre de una persona sino a nombre de la entidad, que haya varios firmantes de manera conjunta y que la contabilidad esté abierta para ser auditada por alguien que no pertenezca al grupo de liderazgo, familiar o de amistades de los directivos de la entidad. Todo recaudo para asegurar la transparencia es bienvenido.

  1. Previsión para contingencias

Los responsables del misionero tienen que prever que hacer en ante circunstancias inesperadas y de emergencia. Por ese motivo hay que poner especial atención a problemas de salud, costo del pasaje de regreso, embarazo y alumbramiento en el campo, traslado a otro país en caso de convulsión o guerra y otros asuntos. Bien se sabe que es mejor prevenir que lamentar. Aunque por la cantidad de mensajes que se reciben con pedidos de socorro pareciera que puede decirse: “Es preferible ahorrar que luego mendigar”. En este tema hay que ocuparse de lo que se denomina la reinserción del misionero y el choque transcultural inverso.

  1. Estructura misionera bien establecida.

Hay quienes no se sienten cómodos cuando se resalta la necesidad de contar con una estructura establecida para lograr mejor apoyo para la tarea misionera. Ciertamente es importante tener entusiasmo, voluntariedad y visión. Es esencial depender de la obra y dirección del Espíritu Santo. También es cierto que hace falta más que las buenas intenciones de quienes se juntan para comenzar una nueva entidad misionera, a veces, hay que decirlo, sin saber todo lo que eso significa. Cabe la pregunta ¿es necesario abrir una nueva entidad por cada nueva visión o proyecto misionero que surja?. De más está afirmar que no es solamente cuestión de comenzar algo, por muy loable que sea, si luego eso no se puede mantener en el tiempo. Ese buen inicio (y corta duración) sucederá si el proyecto misionero se apoya en una persona, grupo de amigos, circunstancias favorables, búsqueda de protagonismo, aislamiento de todos los demás, etc.

  1. Compromiso con el Reino de Dios

El que sale no debe ir para abrir una filial nacional en otro país llevando consigo normas, prácticas y estilos que no son adecuados al contexto cultural del campo de misión. Tampoco puede ir sin reconocer a la iglesia que ya existe en el campo (sin importar el tamaño o el estilo que esa congregación pueda tener).  El misionero es siempre un embajador y como tal representa a Jesucristo. Por esa razón procurará que su tarea fortalezca a los creyentes nacionales para que ellos puedan edificar una iglesia completamente enraizada en la Palabra e identificada con su propia cultura. Ser responsable al enviar es también preparar personas que no busquen su triunfo ministerial sino el mejor bien para la obra.

  1. Expectativas realistas

Puede suceder que quienes envían tienen falsas expectativas acerca de los resultados en el campo de misión. Esto puede obedecer a varios factores: desconocimiento de la realidad del campo, motivación equivocada para el envío, urgencias y presiones desde la base, desmotivación para seguir apoyando con el paso del tiempo, excesiva carga para ver resultados inmediatos, incomprensión de la complejidad de la cultura receptora, etc.  En tales casos se necesita recordar que los frutos no se miden solamente por los resultados numéricos de corto plazo (aunque claro que debemos esperar resultados). Tampoco se mide por la cantidad de misioneros que se envían sino por los que permanecen en el campo y dan frutos. También por quienes, habiendo regresado al país, tienen una vida personal y familiar sana que les permite llevar adelante ministerio efectivo.

Conclusión

No tenemos que enviar a toda persona que llame a la puerta y diga que tiene una carga para salir al campo misionero. Por lo menos no antes de reflexionar en todo lo que significa enviar responsablemente. De otra manera se puede caer en una imposición de manos ligera. Ligera porque declara una bendición que la persona no está en condiciones de recibir o ligera, porque quienes lo hacen no tienen el compromiso de respaldar de manera perseverante y a largo plazo su envío inicial.

Con el mismo énfasis hay que afirmar que no es cuestión de retrasar indebidamente la salida de los misioneros esperando que ellos tengan tal grado de madurez, preparación y unción que nunca están listos para ser enviados. Sin duda Dios tiene lugar para todos en Su propósito redentor. Justamente quienes reúnen todos los requisitos deseables están tan establecidos en el ministerio local que no siempre están dispuestos a salir.  Los que fueron llamados a enviar no tienes libertad para adelantar, tampoco retrasar, el tiempo de salida. Juntos: iglesia, entidad, futuro misionero y los que reciban en el campo tienen que asumir las responsabilidades y privilegios de la labor misionera. No quedemos lamiendo las heridas de las faltas pasadas, tampoco las sacudamos como si nada hubiera pasado.

Reflexionemos juntos y planifiquemos para que nuestro envío sea más numeroso y responsable que nunca.

Daniel Bianchi


Misión. Definición. (Documento)

Misión: Definición.

Si todo es Mision, nada es Mision.

Introducción: La palabra “misiones” significa desde el modelo de Jesus y Pablo como misioneros 4 cosas:

1) Renuncia

2) Viajar a un lugar donde no había iglesia.

3) Quedarse en ese lugar el tiempo necesario hasta que había una iglesia.

4) El propósito del misionero era plantar la iglesia.

Hoy hay una gran escalada en el uso del término “mision” y “campo misionero” y esto tiene tiene resultados positivos y negativos.  Desde 1959 (Neill) habla de reconocer que es mision porque “Si todo es Mision, nada es mision”

Base Bíblica:  Hechos 1.8 – Hechos 8.1 – Hechos 9.3-6 – Hechos 13.1-4 – Romanos 15.20

En Hechos 13 vemos que Pablo ya está en la Obra de la iglesia pero es llamado a “la obra” o sea que se refiere a una obra diferente y especifica. A esto lo llamamos Obra Misionera.

  1. La obra misionera en general incluye Jerusalem, Judea, Samaria y “hasta lo ultimo”
  2. La obra misionera especifica requiere la guía del Espíritu Santo.
  3. La obra misionera específica se desarrolla fuera de la iglesia local.
  4. La obra misionera específica es complementaria de la Obra local de la iglesia.
  5. La obra misionera especifica requiere renuncia, viaje, permanencia y plantación.
  6. La Obra misionera especifica requiere reconocer, apartar, encomendar, enviar y apoyar a los llamados a esta obra especifica. 
  7. Quien envía a esta obra específica es el Espíritu Santo con la aprobación de la iglesia.
  8. La obra misionera específica se enfoca en predicar donde Jesus no es conocido. (ENA)
  9. La obra misionera específica requiere un esfuerzo especial.
  10. La obra misionera específica requiere trabajo de largo plazo.
  11. La Obra Misionera específica requiere la plantación de iglesias.

Medios para desarrollar o apoyar la mision: Evangelismo, predicación, discipulado, formación de líderes, grupos pequeños, acción social, traducción bíblica, emprendimientos, negocios, eventos, construcciones, profesiones, viajes de corto plazo, etc

Areas de la Misión: Movilización, oración, capacitación, envío, sostén, cuidado de misioneros.

Propósito de la misión: Plantación de iglesias (comunidad de cristianos) donde no hay iglesias.

Modelo de Iglesias a plantar

Iglesias caseras.

Trabajo en equipo como base del trabajo y cuidado misionero.

Plasmar en todas las óreas de trabajo y cuidado misionero el trabajo en equipo como forma sostenible y eficaz para la misión.

× Consultas por Whatsapp